Candida auris: el enemigo a las puertas

 


Las cándidas son una clase de hongos que pueden causar infecciones e incluso ser mortales. En los últimos 20 años ha cobrado especial relevancia la especie Candida auris por su resistencia a los tratamientos habituales, por su alta contagiosidad, por el riesgo que supone para los centros sanitarios y por su alta tasa de mortalidad. La tasa de mortalidad de una candidiasis invasiva por auris ronda entre el 30 y el 60% según el CDC.

Un enemigo que lleva entre nosotros unas pocas décadas

La primera vez que Candida auris se aisló fue en el 2009, en el conducto auditivo (de ahí el nombre auris) de una paciente de 70 años en un hospital de Tokio. Sin embargo, en estudios posteriores se descubrió que, en realidad, ya paseaba entre nosotros años atrás. Por ejemplo, en el 2006 se había confundido con otra especie de Cándida, C.haemulonii, con la cual

 

Candida auris comparte un pasado evolutivo muy cercano.

Los primeros casos de enfermedad no tardaron en surgir en Corea del Sur (2011), desde donde se extendió a Asia y Europa, para llegar finalmente a Estados Unidos en 2013. Otras fuentes bibliográficas indican que surgió en varios sitios a la vez. Hasta la fecha, Candida auris ha sido aislada en más de 40 países.

El brote más importante se produjo en Europa en 2014-2015, lo que llevó al centro de prevención y control de enfermedades europeo (ECDC) a publicar rápidamente recomendaciones para evitar los brotes en hospitales.

En Estados Unidos se produjo el máximo brote entre 2013-2016 y el CDC hizo lo suyo lanzando una alerta clínica. Otros organismos como la salud pública inglesa o la sociedad internacional para la quimioterapia antimicrobiana han lanzado también recomendaciones para el diagnóstico, gestión de pacientes, prevención y control.

 

Conociendo a Candida auris

C.auris es un hongo ascomiceto, como otras cándidas, que puede formar diferentes estructuras celulares, pero que no forma hifas como hace, por ejemplo, C.albicans. Algunas personas lo portan sin padecer ninguna enfermedad, lo que se conoce como colonización. Estos portadores pueden diseminarla sin ser conscientes de ello, y además ellos mismos pueden padecer una enfermedad posterior.

Se cree que fundamentalmente coloniza piel, a diferencia de su primo lejano Candida albicans (que coloniza las áreas gastrointestinal o genitourinaria), y en muy raras ocasiones se ha aislado de boca o de estómago.

Por tanto, es un patógeno oportunista, pero en estados de inmunodepresión y otras enfermedades asociadas invade el torrente sanguíneo (es cuando hablamos de candidemia) y puede dañar también múltiples tejidos como cerebro, hígado o riñón.

Los factores de riesgo para el cuadro clínico no dejan de ser los mismos que para otras cándidas: edad avanzada, diabetes, cirugía reciente o inmunosupresión, entre otros.



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